Rayden: «A veces se gana y otras, no sé qué ocurre» [Crónica + Galería]

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David Martínez Álvarez, más conocido como Rayden, actuó ayer en la Sala París 15 de Málaga con su gira «Quiero que nos volvamos a ver». Esta es, sin duda, una de sus giras más especiales. Rozando la treintena de canciones y con más de dos horas de duración fue un espectáculo para repetir. Más de 500 personas unidas en «un templo de cultura donde todo lo malo se queda fuera» indicó Rayden.

Un artista que atrapa al público con sus gestos y expresiones hizo que su energía y amor incondicional por la música se transmitiese en una atmósfera mágica. Dio comienzo al espectáculo con «Gargantúa», canción de su último disco, Sinónimo, y «No hago rap», de Antónimo. Acto seguido, agradeció al público de Málaga el hecho de estar ahí un año más.

Confiado sobre el escenario y con cientos de miradas dirigidas a él, continuó contando sus miedos y preocupaciones mediante canciones como «Xtravaganzza», «Pólvora mojada» y «A mi yo de ayer». Cada frase que citaba le hacía manejar el tiempo y la seguridad. Haciendo lo que más le gusta, Rayden, un invencible sobre el escenario, se abrió de par en par con «Los dioses también sangran».

Una de sus canciones más famosas de Sinónimo, «Habla bajito», fue coreada junto al público como crítica social a la política española en la que «dimites si te pillan robando cremas». De hecho, el slogan que colgaba de la parte trasera del escenario era una frase de este tema en concreto en el que dice «nos coméis hasta donde nos tenéis», dirigido a todos los políticos corruptos del panorama nacional.

La primera parte del concierto llegaba a su fin con «Finisterre», una de sus canciones más íntimas e interpretada junto a Leiva. Ésta trata sobre un cúmulo de experiencias contradictorias y confusas, en cambio, «si la muerte significa un paso para ir más allá, hasta la más extraña paradoja cobra sentido», añadió el cantante.

«Sois muy valientes, muy increíbles y tan gilipollas como nosotros por seguir acudiendo disfrazados a nuestros conciertos. Málaga tiene algo para nosotros, algo que no tiene nadie y es que cuando conseguís alegrarnos, entráis directos en nuestra familia». Así dio comienzo la segunda parte del espectáculo. En Málaga lleva siendo costumbre acudir disfrazados a los conciertos de Rayden desde que uno de ellos coincidió con Halloween y desde entonces, se ha convertido en una tradición. Durante el concierto, Rayden eligió a los dos mejores disfraces —disfraz de pin parental y de su tema «Tarde y mal»— y ambos serían beneficiados con un pack de merchandising del artista.

El cantante mostró su lado más humano y empático presentando su tema «Meteorito», para el que se realiza un ejercicio de catarsis en todos sus conciertos. «Visualizad, quien hayáis tenido una pareja o expareja que os haya tratado como un cero a la izquierda porque es un inseguro de mierda y la única forma que tiene de sentirse un poquito mejor es tratarte como a la basura para así no temer que te vaya a perder, pues para eso, un meteorito metafórico en la puta cabeza», dijo antes de comenzar la actuación.

En el día de ayer, coincidiendo con el concierto, Rayden «dio a luz», se trataba de un tema —basado en la exitosa serie La casa de papel— que hasta ahora solo había hecho de forma acústica en sus conciertos y «hoy, por fin, suena a todo corazón, No tengas miedo».

Rayden, huracán de emociones que deja al público con los sentimientos a flor de piel interpretó «Nunca será siempre», un cuento dedicado a su padrino. Una transición de este tema a «Mentiras de jarabe» hizo hacerse a la idea al público sobre significado del amor, algo que ni el propio Rayden conoce más allá que por el amor de un hijo.  «Hay algo que tengo claro, el amor no es que te digan cómo tienes que vestir ni que la justicia tarde demasiado en decidir si fue o no violación», así presentó «Caza de pañuelos».

El artista divagó por otros planetas y asteroides representando «Beseiscientosdoce», pasando por «Ubuntu» y un «Final de Mierda para Principios Apoteósicos», para acabar el encuentro reuniendo todas las fuerzas en la despedida de un dulce espectáculo con «Matemáticas de la carne». Clímax, final feliz.

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