Las Armas Bs As: “El rock es un espacio de experimentación por eso me cuesta creer en su finitud”

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En los primeros meses de la cuarentena salió “Incógnito”, el nuevo EP de Las Armas Bs As. Una invitación a conectarnos con ese lado más visceral y frenético que nos ofrece el rock. Una bocanada de libertad dentro del encierro que nos trajo 2020.

En abril la banda publicó este cuarto disco que es el cierre de una trilogía que abarca “Vol I” y “El camino no elegido”. Un camino que va marcado de las rutas a la ciudad, de la ciudad a la habitaciones. “Incognito” nos ubica en ese lugar más íntimo, lugar que curiosamente transitamos este año de encierro.

Esta banda de rock revisiona blues, el soul y el pop desde el siglo XXI, con los pies en la provincia de Buenos Aires (Argentina) pero con una mirada más amplia. Surgida inicialmente como dúo de batería (Pinky) y guitarra (Mister) a mediados de 2013, fue mutando hasta ser el cuarteto que hoy conocemos con el ingreso de Longa (bajo) y Lucas Gregorini (guitarra).

Para conocer un poco más de “Incógnito” entrevistamos a uno de los miembros fundadores del proyecto, Ramiro “Mister” García Morete:

 

Sabiendo que el 2020 iba a ser raro decidieron sacar el disco igual en abril ¿Como fue el momento de decidir seguir adelante sabiendo que por ahí se perdían esa celebración conjunta que es lanzar un álbum?

La fecha ya estaba estipulada. Un disco infiere un proceso que en algún punto tiene que concluir, nosotros ya teníamos anunciada la salida antes que se dicte la cuarentena. La conversación sobre que íbamos a hacer duró muy pocos minutos, casi que no hizo falta. Por un lado nos resulta anecdótico el devenir de una banda de rock frente a una situación única para toda la humanidad. No es un momento, lo sostengo en tiempo presente, para estar en cuestiones anecdóticas.

Por ahí no sabíamos tampoco el escenario que nos aguardaba. Estuvimos siete meses sin vernos las caras. Esto generó una doble ausencia porque además de una banda somos un grupo de amigos. Esto, en parte, fue suplido por tener algo en común que nos mantuvo unidos durante todo este tiempo. También nos dió la oportunidad de estar un poco más al tanto de cuestiones como entrevistas o generar otros contenidos que de otra manera no los hubiéramos hecho.

Por ahi pensas “que picardía, trabajamos mucho tiempo para no poder disfrutarlo”. Porque “Incógnito” tenemos la sensación de que va a ser el que mejor va a sonar en vivo, porque cuando lo interpretamos en la sala se siente muy orgánico. 

Es un disco que está bueno escucharlo en tu casa con un parlante, más que en un medio de transporte desde un auricular ¿Pensas que el estar en casa ayudo a esa escucha?

Lo que señalas no es menor, incluso es algo de lo que se habla poco cuando se lo hace sobre música: el audio. Así como un artista plástico piensa en colores y texturas, los músicos cuando grabamos también jugamos con ciertos tipos de sonoridades. Somos muy obsesivos con eso. Destacamos mucho que por fuera de las canciones en sí, se logró el audio que se buscaba. Algo muy orgánico y potente, a la vez sofisticado. 

Un poco fue explotar nuestro lado más pop. Logramos eso que buscábamos sin caer en lugar común al que llega una banda de rock cuando hace pop. Conciliamos la fuerza de las guitarras dándoles más aire y con otro enfoque desde lo vocal, cercano al de un crooner.

Nosotros pensamos nuestros discos como una trilogía, que “Incognito” cierra muy bien. El primer disco tiene algo más rutero, visceral o “desprolijo”. Aquí los temas son más sobre la grilla, tienen algo más bailable. Pese a eso no dejamos los riffs de lado. Es, quizás, el disco más potente. Algunos anteriores suenan más fuerte pero eso no quiere decir más potente siempre. La potencia es una intensidad sostenida, escuche por ahí.

Este es el primer disco que son cuatro integrantes ¿Cómo sentís que cambió eso la dinámica en estudio?

Hay una continuidad que fuimos delineando desde el principio. Eso también envuelve a la conformación de la banda. Originalmente éramos dos: batería y guitarra, muy rústicos. Después se sumó el Longa. Eso nos permitió agregar más capas de sonido pese a ser un trío. La dinámica de tres hace que yo termine llenando más espacios que lo que hago ahora con Lucas Gregorini como parte estable de la banda. Genera más aire y equilibrio porque uno no se encarga de ocupar todo. Si bien yo hago gran parte de los riff, Lucas compensa y permite generar esa potencia.

 

Dentro de la trilogía, el concepto de “Incógnito” habla de las conexiones más íntimas. Esto pasa en un año en que esas conexiones se modificaron totalmente ¿reinterpretan las canciones en este contexto?

Es curioso que en el año de la gran incógnita se llamara así y hablara de espacios cerrados. Eso se fue dando de manera inconsciente pero con noción de lo que relatamos, porque sino no podes hacer arte. Sí tengo claro que nuestras propuestas nunca son unidimensionales, ni desde lo sonoro ni desde lo narrativo. Queremos que haya polisemia y elipsis, eso permite que las canciones se resignifiquen.

Hubo muchas personas que lo asimilaron desde ese lugar que me decis. Pero hubo otros a los que le hizo extrañar esa noche que nos faltó este año. También uno de los tópicos del disco fue la sobreexposición que nos da la virtualidad. 2020 fue un año en el que si bien estuvimos encerrados también estuvimos muy expuestos.

Uno de los mensajes que queríamos transmitir es que no todo debe ser comunicado. Que por ahí las cosas más interesantes no ocurren bajo el cristal de un celular o en las grandes luces. Nos gusta en los discos hacer un metadiscurso del lugar que va a ocupar el álbum en sí, la banda y el rock. 

Creemos que este género hoy pasó a ser una especie de celebración oculta dentro la música. Así como en un momento el disco se llamó “El camino no elegido” pensando en las consecuencias de las cosas que no elegimos, “Volumen I” por esas cuestión de la reinvención constante del rock y ahora lo pensamos en eso que nos interesa contar.

En página 12 te leí decir “la tradición es algo vivo” ¿Cuál sentís que es el lugar del rock hoy?

Al rock no lo pienso desde un lugar conservador o levantando esas banderas que quieren incluir y no comparto. Para mí el rock es libertad. Mucha gente cuando habla de tradición lo hace sobre algo pasado o estanco, yo como algo vivo. La tradición es una red polisémica que empezaron otros y uno escribe con sus propios medios. Esta banda nació de tomar géneros supuestamente agotados como el rock, el soul y el blues con la idea de no hacer lo que ya se hizo. No puedo tocar soul como Marvin Gaye, no me saldría. Lo hago desde el siglo XXI en la provincia de Buenos Aires, partiendo desde ahí ya va a ser algo distinto.

Si creo que es una música tradicional porque tiene una historia. Responde a un lenguaje intermedio que vincula lo que sale de manera orgánica con el estudio, ese es su gran aporte. Como un espacio desde experimentación me cuesta creer en su finitud, si que deje de ocupar un espacio central.

A su vez, si esta pandemia pasara creo que es un momento increíble para tocar rock. Porque este siempre representó libertades. Por primera vez en la vida creo que es todo lo que siempre le endilgaron y nunca había sido. A la derecha no le vas a gustar nunca, a la moda tampoco porque nunca lo estuvo, a la progresía tampoco porque le sumaron un montón de cosas nefastas que yo también repudio pero no son inherentes al rock. Por decirlo de alguna manera “la guitarra no se mancha” (risas).

Esto te da dos opciones: sentirte derrotado o salir a vivir esa libertad. Porque nadie espera nada de vos pero a su vez vos sabes que ténes algo que el resto no. En el vivo hay una electricidad que se genera y no tiene nada que ver con estar conectado. Esto es imposible que lo transmita otra música. Por algo eso siempre se quiere emular. Por algo creo que Trueno y Wos se reivindican como rockeros.

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