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Un río que se va, una fiesta que vuelve: Colectivo Panamera celebra «El Recreo» en Alicante

La noche del 28 de marzo de 2026, cuando el reloj marcó las 22:30, la Sala Stereo de Alicante dejó de ser solo un escenario para convertirse en un auténtico punto de encuentro. La gira «10 años en movimiento» funciona como una mirada atrás y, al mismo tiempo, como una reafirmación del camino recorrido. Un trayecto que ha cruzado el Atlántico y que ha ido sembrando canciones en escenarios de España y Latinoamérica, antes de encender Alicante con una intensidad especial. Desde el primer momento, el público se entregó a esa corriente cálida que la banda genera con naturalidad, como si cada canción fuese una invitación personal al baile.

Colectivo Panamera lleva una década construyendo un puente sonoro entre orillas. El proyecto, formado por Nacho Taboada y Pepe Curioni, un español y un argentino que evocan un espíritu festivo casi de verbena ha convertido la mezcla en su lenguaje natural, el hilo que atraviesa todo su repertorio. En sus canciones conviven el rock y el pop contemporáneo con la cumbia, el calipso o la rumba, pero lo que realmente los define es otra cosa: una forma de entender la música como impulso vital. Porque lo suyo no es solo sonido, es movimiento; es ritmo, es contagio. Y sobre el escenario, esa identidad mestiza se transforma en una energía arrolladora que lo envuelve todo.

El repertorio giró en gran medida alrededor de El Recreo (2025), su tercer álbum, una obra que invita a volver a la infancia, a ese patio donde la libertad era ley y la emoción, juego. La banda explica que ese es precisamente el motor del proyecto.

Pepe: Nace de esa misma intención, la de habitar un espacio creativo donde jugar, donde el disfrute vuelva a ser el centro. Volver a disfrutar de la música desde lo esencial, de lo bueno que nos ofrece.

Entrevistadora: Vuestra música transmite mucho viaje, no solo geográfico sino también personal. ¿Hay alguna canción que sintáis que defina vuestro nuevo trabajo?

Nacho: Creo que todas despiertan ese imaginario de juego y disfrute, pero quizá «Niña Caipiriña» sea la canción que mejor condensa la esencia del disco. Más que por su letra, por su energía: un ambiente festivo, luminoso.

E: El espíritu abierto y ecléctico del disco se ve reflejado en las colaboraciones con artistas como Pedro Pastor, Pablo Lesuit, Mario Díaz y Alberto Vela. ¿Qué va primero: la canción o la colaboración?

P: Pues esa filosofía de «El recreo» no se queda solo en el estudio, sino que se extiende a la forma de entender las colaboraciones. Para Colectivo Panamera, muchas de ellas nacen de ese mismo espíritu de juego compartido, de la complicidad con músicos que son también amigos. Canciones que no se fuerzan, sino que fluyen desde el encuentro y la afinidad artística.

N: Ahí aparecen algunas de nuestras colaboraciones más tempranas, como «El Arenal» junto a Muerdo, «Te llevo dentro» con Rozalén, «La décima» con El Kanka o «El huracán» con Mr. Kilombo.

Piezas que ya apuntaban a ese modo de crecer en compañía, de forma orgánica y con cariño, y que han vuelto a integrarse en el repertorio de la actual gira. Más que una simple efeméride, esta gira «10 años en movimiento» se siente como una celebración de ese camino compartido, que encuentra su sentido también en la respuesta del público esta noche en la Sala Stereo, especialmente en aquellos que parecen acompañarlos desde aquel primer álbum de 2019, reconociendo cada canción como parte de una historia común que sigue adelante.

E: Las letras de vuestras canciones parecen pequeñas ventanas a un mundo interior propio, casi un imaginario al que el oyente se asoma y desde el que es fácil dejarse llevar por las emociones. Especialmente en el caso de Nacho, conocido por su faceta más lectora e introspectiva, surge la pregunta inevitable: ¿hay autores o libros que os influyan a la hora de componer?

N: Hay mucha literatura increíble. En este momento estoy leyendo la novela Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sánchez Ferlosio. Pero últimamente la IA me está absorbiendo bastante tiempo también, porque la uso para documentarme y la información que obtengo despierta todavía más mi curiosidad. Investigo mucho sobre historia en Internet.

P: Nacho es un gran contador de historias. Yo también investigo la historia de la música: qué artista grabó aquí, por qué, en qué año y en qué país. El contexto da el sentido, porque si una canción se grabó en el 79 en Nueva York, va a sonar de una manera. Igual pasa con las letras. La música latinoamericana, como la de Mercedes Sosa, tiene raíces históricas y cuenta historias. De esta forma de entender la creación surge también una filosofía clara: alegrar, dentro de nuestras posibilidades, en esos tres minutos. Somos cancionistas.

N: Tenemos un dicho para eso: «Bailar llorando».

La esencia de la cumbia es uno de los pilares que los define, aunque en directo aparece siempre revestida de un pulso rockero que la expande y la transforma. Sobre el escenario conviven los solos de guitarra, la percusión y una energía que empuja las canciones hacia un territorio propio, sin perder su raíz festiva. Entre sus referencias reconocen nombres como Rubén Blades, el Buena Vista Social Club o Eliades Ochoa, influencias que no buscan imitar, sino dialogar con su obra.

N: No buscamos parecernos a nadie en concreto, pero sí jugamos —de ahí también El Recreo— a incluir referencias y a revestir nuestras canciones con distintos ritmos para crear una armonía que emocione.

P: La esencia de la cumbia, esa alegría que siempre está en el centro de todo lo que hacemos. Durante la pandemia, mucha gente nos escribía para contarnos que nuestros discos les habían acompañado en los momentos más difíciles, casi como un refugio emocional. Y, en ese contexto, «El huracán» adquirió un sentido especial, porque en sus versos parecía condensarse esa mezcla de golpe y esperanza.

Pero ha pasado ya el huracán; tu mundo se me escurre entre los dedos, pero nos quedan fuerzas para rodar. En directo, Colectivo Panamera confirma lo que ya es casi un secreto a voces: lo suyo no se escucha, se vive.

Cada canción se transforma en un diálogo con el público, en una invitación constante al movimiento. No hay distancia entre escenario y pista: se bajan del escenario y se sitúan en el centro del público. Allí estaban los tres, junto a su baterista y percusionista, Lester Domínguez, compartiendo el pulso del concierto desde dentro de la propia multitud. Entre risas, insinúan que quizá dentro de poco los veamos incorporando más pasos de baile.

Cuando sopla barlovento, dobla el tronco del bambú, y la melodía de Colectivo Panamera envuelve la sala: «Quiero mucho más». Hay tanta gloria que viene por delante. La voz de Nacho tiene flow, y lo sabe; se come el escenario con este y los siguientes temas. Todo lo que provoca la «Danza Carioca» de sus palabras invita a volver a creer, como esa misma danza de los olvidados, o la «Cumbia del lobo», que empuja a levantar la copa al cielo y brindar por las alegrías. Y en «Las grietas del tiempo», un canto a la libertad. A veces hay que pensar que la vida es el movimiento; así es más fácil recitar «La despedida», como cenizas que se pierden, como lágrimas en el mar, como «Un río que se va». La filosofía de Colectivo Panamera es clara: «Yo no quiero ni nostalgia ni olvido. Yo quiero acordarme de lo bueno». Que si te diriges «Hacia el sur», encontrarás desiertos de arena en los que percibirás que «es vivir el no pensar en existir». Que, aunque muchas veces pueda fallar lo importante, prefieras dar un paso más, y te lleves dentro, «en el cielo de tu boca, un ojalá». Y el público la abraza como propia, cantando y bailando los coros, solos o en pareja, entregado a una celebración colectiva en la que cada canción se convierte en un recuerdo vivo dentro de la sala. Es ahí donde se entiende la esencia del grupo: una alegría por vivir que se transmite sin artificios, sostenida por canciones que hablan de universales que nos atraviesan a todos.

E: ¿Preferís, entonces, tocar al aire libre en festivales o en salas más íntimas, al puro estilo madrileño?

P: Pues hemos actuado en muchos festivales, pero nos encanta tocar en salas, como en esta Stereo. Al final, nosotros también disfrutamos del show y nos permite tocar durante más tiempo.

E: Pasáis mucho tiempo en la carretera, y en esta última gira incluso habéis cruzado hasta Buenos Aires. Pepe, ¿qué significa para ti volver a casa? Y Nacho, ¿qué ha supuesto hacer también tuya esa cultura a la hora de sentir y cantar?

N: Siento que no existe una brecha cultural con Madrid, somos lo mismo y me he sentido muy cómodo allí. De igual manera, experimentamos un enriquecimiento cultural recíproco.

P: Tocar en La Trastienda de Buenos Aires, por donde han pasado tantos grandes, es muy especial. Poder reencontrarnos con Muerdo y poder enseñarle también a Nacho tantos sitios de los que le he hablado.

En plena gira, Colectivo Panamera acaba de recibir además una nueva alegría. «El Recreo», ha sido nominado a Mejor Álbum Pop Tradicional en los Premios de la Academia de la Música de España. La propia banda ha compartido su agradecimiento en redes sociales: «Un puñado de canciones nacidas en un pequeño home estudio en Madrid, creadas sin prisa y con todo el corazón».

El paso de Colectivo Panamera por Alicante reafirma el sentido de estos diez años: la música como viaje, como celebración, como recreo. Diez años después de comenzar su camino, el grupo sigue demostrando que su propuesta no entiende de fronteras y que su sonido mestizo es capaz de conectar con cualquiera que esté dispuesto a escuchar… o mejor aún, a bailar.

«Hace días» se convirtió en un momento especialmente emotivo hacia el final del concierto, un gesto de respeto y cercanía que envolvió la sala en un silencio compartido. En ese momento, desde su Terreta, quisieron detenerse para enviarle palabras de admiración y apoyo a su amigo Pablo Sánchez, líder de Ciudad Jara y voz también de La Raíz, en el difícil momento de enfermedad que está atravesando.

Porque si algo quedó claro en la Sala Stereo es que Colectivo Panamera no solo toca canciones: construye momentos. Y, durante unas horas, Alicante se convirtió exactamente en eso: un lugar para bailar, para sentir y para recordar que, como dicen en sus canciones, a veces «un día dura tres otoños», pero siempre hay tiempo para «desafiar improbables, abrazando quimeras» y que, al final, bien acompañado, se puede «encontrar la salida».

Filóloga y periodista. Una mente apasionada que se encuentra a medio camino entre la música, la literatura y los idiomas, en búsqueda incesante de la expresión cultural.