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WARM UP Estrella de Levante 2026: Murcia vibra al ritmo de los grandes [Crónica + Galería]

Fotos: @jameslomaxphoto

El WARM UP Estrella de Levante 2026 volvió a convertir el recinto de La Fica en uno de los grandes epicentros del calendario festivalero nacional los días 1 y 2 de mayo. Con 52.000 asistentes repartidos entre sus dos jornadas y el cartel de agotado apenas unas horas antes de abrir puertas, el festival recibía a un público intergeneracional dispuesto a recorrer una programación que atravesaba raíces mediterráneas y ritmos británicos.

La tarde comenzó con Perdón, ganadores del concurso de bandas locales, encargados de inaugurar un recinto todavía expectante. Después llegaría Veintiuno, en pleno proceso de consolidación y presentando temas de La balada del delirio y el equilibrio (2025), un trabajo que confirma la ambición melódica y emocional del grupo. A continuación, Ginebras desplegó ese pop inmediato que las ha convertido en imprescindibles del circuito festivalero, ahora impulsadas además por su reciente Donde nada es para tanto (2026).

Uno de los conciertos más singulares de la jornada fue el de los extremeños Sanguijuelas del Guadiana. Su propuesta de folclore distorsionado, una mezcla de rock, rumba y flamenco, encontró en la escenografía de «la cochera» una prolongación simbólica de su propio imaginario: un refugio juvenil suspendido en el tiempo, con un calendario detenido en 2008 y una nostalgia de barrio convertida en identidad estética. Entre himnos bailables y energía colectiva, también reservaron un momento para homenajear a Robe, uno de sus referentes, con «Nada que perder».

La expectación era máxima ante Guitarricadelafuente. Unos años atrás, la lluvia había impedido que completara su actuación en Murcia y existía cierta sensación de deuda pendiente entre artista y público. Presentando Spanish Leather (2025), su directo confirmó esa capacidad tan particular para convertir la fragilidad en una forma de presencia escénica. Su voz, delicada y firme, atravesó el recinto principal mientras un foco lo seguía, como si se tratara de una escena de película.

También destacó León Benavente, que tuvo que lidiar con varios problemas técnicos que dejaron el escenario en silencio durante unos instantes. Sin embargo, lejos de romper el concierto, el contratiempo acabó por intensificar la propuesta de un grupo acostumbrado a sostenerse sobre un directo sólido. Su mezcla de crítica social, tensión electrónica y rock volvió a demostrar por qué siguen siendo una referencia imprescindible del panorama nacional.

Ya entrada la noche apareció una de las grandes sorpresas del viernes: Midnight Generation. Para muchos asistentes fue un descubrimiento inmediato. Uniformados, elegantes y dueños de un groove constante, los mexicanos ofrecieron uno de los conciertos más bailables y sofisticados del día, combinando synth pop, funk y electrónica ochentera con una naturalidad magnética. Su presentación de Tender Love (2025) terminó de confirmar que son una de las propuestas latinoamericanas más interesantes del momento.

Del aire mediterráneo se pasó, casi sin transición, a la tradición británica.James asumió la complicada tarea de sustituir a The Kooks, que cancelaron pocos días antes por motivos médicos. Lejos de sentirse como un reemplazo de urgencia, el concierto terminó convirtiéndose en uno de los momentos más emotivos de la noche. Tim Booth, entre himnos como «Sit Down» y «Laid», rompió constantemente la frontera entre escenario y público: bajó al foso, abrazó asistentes y convirtió el concierto en una experiencia más cercana y profundamente humana, de comunión constante con el público.

La energía siguió creciendo con Ultraligera, que presentó Pelo de Foca (2025), un debut donde confluyen grunge e indie con una personalidad cada vez más definida. El concierto coincidió además con el 28 cumpleaños de su vocalista, Gisme, celebrado sobre el escenario entre velas, tarta y una euforia colectiva.

La madrugada quedó en manos de los hermanos Dewaele al frente de Soulwax, cuyo directo volvió a demostrar por qué siguen siendo sinónimo de innovación electrónica: entre capas de techno, acid y synth-punk, ofrecieron uno de esos conciertos que funcionan más como experiencia sensorial que como una actuación al uso. En la recta final, Ladilla Rusa aportó desparpajo, humor y cultura pop a una jornada ya completamente entregada al baile, mientras Neoverbeneo se encargó de cerrar la noche.

El viernes terminó además de confirmar el buen estado de salud de la escena emergente. Nombres como Amore, Biznaga, Akriila o VVV (Trippin’you) completaron una programación donde el descubrimiento convivió con los nombres consolidados sin perder cohesión. Paralelamente, el escenario ESC reforzó durante toda la jornada la dimensión club del festival con sesiones de Blackpanda, Rem DJs, 1111, Juguete, DREA, riria, Ruptura, PANASOMA y Bclip.

La noche del sábado tuvo un nombre propio por encima del resto: Fatboy Slim. El británico no solo ofreció una lección de electrónica en el escenario principal, sino que se dejó ver por el recinto horas antes encontrándose con unos fans que lo aguardaban como el gran momento de esta edición para la firma de su libro conmemorativo It Ain’t Over… ’Til the Fatboy Sings. Pionero del big beat, desplegó un directo entre clásicos generacionales y una puesta en escena renovada, con visuales hipnóticos, irónicos y perfectamente sincronizados con cada tema, que terminaron de construir una experiencia casi audiovisual en estado de júbilo sostenido, convirtiendo su sesión en algo difícil de olvidar.

La tarde arrancó con fuerza en el escenario principal de la mano de La La Love You, con un power pop de estribillos inmediatos y una conexión directa con un público que los coreó desde el primer acorde, entre una energía festiva y sin fisuras. Después llegó uno de los grandes nombres internacionales del cartel: Bloc Party, auténticos iconos del indie rock británico, que revisitaron su legado con especial atención a los 20 años de Silent Alarm (2005).

Tras ellos, los siempre impecables Lori Meyers firmaron uno de esos conciertos que ya forman parte del imaginario del pop nacional. Desde Granada, desplegaron un repertorio de himnos donde el público encontró refugio. Con «Mi realidad» como uno de los momentos centrales y un estallido de fuegos artificiales iluminando el cielo murciano, la voz de Noni y miles de asistentes cantando al unísono dibujaron una de las imágenes más emotivas del festival. Además, su aparición sorpresa aquella misma mañana en la Plaza de la Universidad añadió un guiño de complicidad inesperado a la jornada.

Por el Escenario ElPozo King Upp pasaron también cuatro actuaciones de gran afluencia. Repion descargó su grunge de tensión y rabia contenida presentando 201 (2025). Mientras el gallego Carlos Ares ofreció un folk rock de pulso orgánico y atmósfera casi escénica, en torno a la evocación de un castro celta, sostenido por una instrumentación rica en pianos, cuerdas y texturas acústicas, que dibujaba un imaginario naturalista ligado a La boca del lobo (2025). El contraste lo puso la irreverencia festiva de Ojete Calor, antes de que Rusowsky cerrara la noche con una propuesta apoteósica, donde pop, electrónica, R&B y ritmos urbanos se fundieron en un final expansivo y contemporáneo.

En el Escenario Ballantine’s destacaron la delicadeza de la murciana Firmado, Carlota y la energía punk de Las Petunias. También brillaron Deadletter, con su recién estrenado Existence Is Bliss (2026) marcado por bajos insistentes y trazos jazzísticos, junto a Karavana, La Paloma y Viva Belgrado, que representan distintos márgenes de la escena alternativa nacional. La sesión de Flash Stereo Club prolongó la energía hasta la madrugada.

El pulso electrónico encontró su espacio más libre en el Escenario ESC, con sesiones de Hadren, Patataonstereo, Fades, Meritxell de Soto, Flaca, Pogo DJs, Piem, Fukcnormal y Cora Novoa, confirmando la dimensión club del festival hasta el último tramo de la noche.

El conjunto del WARM UP Estrella de Levante 2026 vuelve a reafirmar una idea clara: su éxito reside en el contraste. Es un festival difícil de encajar en una sola etiqueta, precisamente porque en él conviven lenguajes muy distintos: desde el indie rock británico hasta la electrónica más vanguardista, pasando por el pop nacional y la música de club, sin perder coherencia. Durante dos días, Murcia volvió a transformarse en un punto de encuentro donde la música en directo se vive como una experiencia compartida de baile, descubrimiento y memoria colectiva que permanece más allá del último acorde.

Filóloga y periodista. Una mente apasionada que se encuentra a medio camino entre la música, la literatura y los idiomas, en búsqueda incesante de la expresión cultural.