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Lenny Kravitz lleva su rock a la Plaza de España [Crónica]

Hay artistas a los que el paso del tiempo parece afectarles bastante poco y Lenny Kravitz es definitivamente uno de ellos. Con 62 años, el estadounidense llegó a una Plaza de España completamente llena para cerrar su paso por España demostrando que su mezcla de rock, funk y soul sigue funcionando igual de bien más de tres décadas después.

Guitarra en mano, gafas de sol y esa estética de estrella del rock que prácticamente forma parte ya del personaje, arrancó con Bring It On, Dig In y TK421, calentando rápidamente una noche sevillana que precisamente no necesitaba mucho más calor. Always on the Run terminó de poner las cosas en su sitio, con una banda absolutamente espectacular que fue una de las grandes responsables de que el concierto mantuviera músculo durante prácticamente dos horas.

Óscar Romero

Porque si algo tiene Kravitz es sonido. Fields of Joy, Believe, Stillness of Heart o I Belong to You fueron llevando el concierto desde las guitarras más pesadas hasta el soul y el funk, con bajos enormes, solos que se alargaban sin demasiada prisa y una Jas Kayser a la batería que acabó convirtiéndose en una de las protagonistas inesperadas de la noche.

La sorpresa sevillana llegó con Israel Fernández, que apareció para acompañarlo en The Chamber. Una mezcla entre flamenco y el funk-rock de Kravitz que sobre el papel podía resultar extraña, pero que acabó funcionando como uno de los momentos más especiales del concierto.

El último tramo fue directamente una colección de clásicos. It Ain’t Over ’Til It’s Over rebajó las revoluciones antes de que Again y una enorme American Woman devolvieran las guitarras al centro. Y ya con Fly Away y Are You Gonna Go My Way la Plaza de España terminó completamente entregada, especialmente con esta última convertida en uno de los grandes momentos de la noche.

Para el final quedó Let Love Rule, con Kravitz abandonando durante unos minutos la distancia del escenario para acercarse todo lo posible al público y alargar una canción que acabó funcionando casi como una despedida colectiva.

Lenny Kravitz no vino a Sevilla a reinventar absolutamente nada, y tampoco le hacía falta. Vino con guitarras, una banda descomunal y algunas de las mejores canciones de su carrera para recordar que ese rock de grandes escenarios que parecía pertenecer a otra época todavía puede sonar gigantesco. Y en una Plaza de España abarrotada, vaya si sonó.

El pesado ese de Gorillaz.