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Moby convierte la Plaza de España en una enorme pista de baile [Crónica]

Hay canciones que inevitablemente te transportan a otro momento, y Moby tiene unas cuantas. El estadounidense llegó por primera vez a Sevilla con una Plaza de España abarrotada y una gira que supone su regreso a los escenarios europeos después de una década, recuperando buena parte de aquella electrónica que a finales de los noventa consiguió colarse prácticamente en todas partes.

El comienzo dejó poco espacio para la calma. Bodyrock abrió la noche antes de que Go, el tema con el que empezó a hacerse un nombre a principios de los noventa, transformara rápidamente la plaza en una enorme pista de baile. Next Is the E mantuvo el pulso electrónico antes de entrar en una parte mucho más emocional con In This World, In My Heart y We Are All Made of Stars.

Porque un concierto de Moby funciona precisamente en esos contrastes. Puede pasar del techno y los ritmos de rave a momentos mucho más delicados prácticamente sin avisar, apoyado además por una banda y unas voces que dieron una dimensión mucho más orgánica a canciones que muchos tenemos asociadas directamente a la electrónica.

Niccolo Guasti

Uno de los momentos más bonitos llegó con Heroes, su homenaje a David Bowie, antes de una enorme Why Does My Heart Feel So Bad?. A partir de ahí la noche volvió progresivamente al baile con Raining Again, Disco Lies, Honey y una acelerada Extreme Ways, mientras Moby alternaba guitarras, percusión y teclados sin dejar nunca de moverse por el escenario.

Natural Blues preparó un tramo final donde ya prácticamente no quedaba nadie quieto. Para los bises apareció primero Porcelain, probablemente el momento más delicado y reconocible de toda la noche, antes de que Lift Me Up y una explosiva Feeling So Real devolvieran el concierto a la rave para despedirlo por todo lo alto.

Moby consiguió que su primera noche en Sevilla fuese mucho más que un simple ejercicio de nostalgia. Hubo recuerdos de los noventa, por supuesto, pero también techno, soul, guitarras y una energía que hizo que canciones con más de veinticinco años encima sonaran sorprendentemente vivas. Durante unas horas, la monumental Plaza de España se convirtió en algo bastante diferente: una pista de baile bajo el cielo sevillano.

El pesado ese de Gorillaz.